miércoles, diciembre 14, 2005

Haciendo fila...

Un día cualquiera en la ciudad, ya sea entre semana o en finde, no importa si ha sido día de pago, festivo, o un día cualquiera. Tarde o temprano una ha de acercarse al super a hacer la compra. Todo bien, los precios por las nubes, aunque siempre queda el consuelo de la hipócrita cenefa, estandarte o cosa semejante que nos recuerda que en la tienda en cuestión siempre van para abajo los precios, ajá, claro. Los anaqueles llenos a desbordar de cosas atractivas que en realidad no necesito, pero seguro que varias acaban en el carrito de la compra. Los pasillos rebozantes, la fruta y verdura más que escogidos...

Por fin, tras perder una hora o más baboseando por los pasillos, me dirijo a las cajas con mi carro de la compra, para enfrentarme a la fila.

En la Fila...

Aquí hay algunas razones por las cuales me gustaría agradecer a Wal-Mart, La Comercial, Chedraui, Carrefour y Gigante por contar con 25 cajas y tener abiertas sólo 3 de ellas. Esperar en largas filas evita que mi cerebro permanezca ocioso. ¡Hay tanto que aprender!

  • Puedo ponerme al corriente en la lectura de todas las revistas sin tener que comprar ninguna.
  • Tengo tiempo para dejar mi carrito del súper estacionado y correr para traer las 13 cosas en mi lista que olvidé.
  • Puedo ser una de esos odiosos usuarios de celular/movil y ponerme al corriente en todas mis llamadas: a mi agente de seguros, a mi jefe y a mi tía Dolores.
  • Puedo tomar una breve siesta ahora, en lugar de en el coche.
  • Puedo evaluar lo que los demás llevan en sus carritos y tomar emocionantes y nuevas ideas para la cena.
  • Puedo finalmente aplicarme otra capa de esmalte en las uñas con suficiente tiempo para que sequen.
  • Puedo correr al local de al lado y recoger mi ropa de la tintorería.
  • Puedo limpiar mi bolso y dejar la basura en la Tienda-que-nunca-abre-suficientes-cajas en vez de llevármela a casa.
  • Puedo practicar mis rutinas de comedia sobre mis confiados compañeros de fila.
  • Puedo practicar algunas posturas de yoga de pie y luego hacer unos ejercicios de contracción isométrica de músculos que se supone que nadie en la fila debe saber que hago.
  • Puedo probar mi paquete de las nuevas galletas bajas en calorías, libres de grasa y saturadas de aspartame o fenilalanina.
  • Puedo soplar sobre mis bifes congelados para que se descongelen a tiempo para la comida, de modo que no tendré que dejarlos en la calle bajo el sofocante calor del sol, como suelo hacer.
  • Puedo revisar atentamente lo que llevo en el carrito y darme cuenta de que el 50% de lo que llevo en realidad no lo necesito, y así ahorrarme una buena cantidad devolviendo todas esas porquerías.
  • Puedo curiosear todas las baratijas que ponen al rededor de las cajas, gastando más o menos lo mismo que me ahorraba de todos los artículos que decidí no comprar, tan solo para llevarme un chollo que no es tal.
  • Puedo conocer al amor de mi vida, ajá, si, sigue soñando, o por lo menos a una señora aburrida que no sabe qué hacer con su tiempo y se dedique a ponerme al tanto de todos los chismes del corazón habidos y por haber, ahorrándome la molestia de hojear esas revistas que jamás me llaman la atención.
  • Puedo enterarme de las interesantes vidas de los que me rodean, tragedias ajenas tan importantes como el drama de la leche derramada o la vecina que llega de fiesta a las 4 de la madrugada provocando el escándalo y envidia de las marujas.
  • Puedo practicar un poco de meditación, aprovechando que la fila donde me hallo cuenta con un lento cajero en capacitación. Ommmmmmmmmm.
En fin... hay tantas pequeñas cosas que puede una hacer en la fila mientras toca el turno de pagar. ¡Es una lástima que a nadie se le haya ocurrido dar una ficha e instalar un pequeño bar dónde sentarse a tomar algo mientras toca el turno de ser alegremente asaltado!

¡Gracias por comprar con nosotros!

4 comentarios:

Zapardiel dijo...

Yo hago la compra al volver de la facultad, justo antes de comer y salir corriendo al trabajo. A esas horas el super suele estar vacío, pero para compensar dejan sólo dos cajeras.

Pero la verdad, desde que hace año y pico estuve trabajando de dependiente ni me pasa por la cabeza meterles prisa. Me limito a mirar mi cesta y entrar en trance. Sí, algo así como tu Ommh :)

Consumidor irritado dijo...

Tomo nota de tu segerencia y procurare aplicar alguna en mi proxima visita al supermercado.

Yarhel (Enric Quílez) dijo...

Puedes hacer aún más cosas en la cola:

- Puedes hacer ver que te desmayas. Con un poco de suerte, cuando te reaniman te dejan pasar la primera. El problema es que a veces no cuela y el suelo de los supermercados suele ser frío

- Puedes hacer ver que mantienes una conversación verdaderamente escatológica (o psicópata) por el móvil. Siempre hay gente sensible que con tal de sacársete de encima te dejan avanzar un puesto en la cola

- Puedes aprovechar para practicar con el violín. Es especialmente recomendable hacerlo si no tienes ni idea. Eso sí, puedes acabar con una insurrección general de una turba con los nervios destrozados

Seguro que hay más cosas, es cuestión de imaginación ;)

Errantus dijo...

Empiezo a preguntarme cómo afectará esto las opiniones del alienígena cuando vaya a hacer la visita al super. XD